Según la Unesco, la cultura es todo lo que constituye nuestro ser y configura nuestra identidad. Hacer de la cultura un elemento central de las políticas de desarrollo es el único medio de garantizar que éste se centre en el ser humano que sea inclusivo y equitativo.
Aprender un idioma te hace sumergir a un nuevo mundo, pues no se trata de tan solo memorizar listas de palabras o estudiar gramática, sino que te brinda una nueva mirada que proporciona comprensión y empatía hacia el otro y además te permite conocer y entender la forma de ser, hábitos, cómo nombra las cosas y cómo las vive, en definitiva, nos revela otras culturas.
Cuando hablas un idioma, lo personificas y te reinventas en otra lengua. Tu propia personalidad se manifiesta a través de los sonidos desde otra perspectiva, que es la vivencia de una experiencia práctica de comunicación en otros ambientes, es decir, otro yo que sigue siendo tú mismo/a, pero que pasa a ver la vida con los ojos más abiertos.